http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080729/53509396553.html
Estados Unidos acababa de ganar la guerra fría y la primera guerra del Golfo. Pero el país salía de una breve recesión, y la campaña electoral de 1992 acabó girando en torno a la economía. El demócrata Bill Clinton se impuso ante George Bush padre, el presidente de entonces.
Dieciséis años después, la sombra de la recesión vuelve a dominar una campaña. En los últimos seis meses se ha perdido casi medio millón de empleos, el precio de la gasolina se dispara, centenares de miles de estadounidenses incapaces de pagar la hipoteca pueden perder sus casas, los bancos cierran el grifo de los créditos. Tras unos años de euforia y despilfarro, el pesimismo se adueña del ciudadano de a pie.
En la última semana, la celebrada gira internacional del candidato demócrata Barack Obama y la desorientación de su rival, el republicano John McCain, han monopolizado el debate. Es probable que a partir de ahora la campaña se centre en la economía. A menos que haya mayores sobresaltos: faltan 99 días paras las elecciones, y los candidatos aún deben pasar por las convenciones y los debates.
Obama abrió ayer el baile al reunirse en Washington con un grupo de economistas y empresarios de alto nivel. La lista da una idea de cómo la obamamanía también ha alcanzado al mundo del dinero.
Entre otros, participaron el hombre más rico del mundo, Warren Buffet, el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker, el secretario del Tesoro de Clinton Robert Rubin y el presidente de Google Eric Schmidt.
McCain prefiere los llamados town hall meetings,encuentros en pequeñas poblaciones donde el candidato debate con un auditorio reducido. El republicano, que hace unos meses reconoció que la economía no era su fuerte, cuenta con una asesora estrella: Carly Fiorina, ex presidenta del fabricante de ordenadores Hewlett-Packard.
Obama y McCain difieren en el diagnóstico. ¿Está Estados Unidos en recesión? No está claro. Lo cierto es que el producto interior bruto, ayudado en gran parte por las exportaciones, no ha dejado de crecer, aunque a un ritmo lento. Pero otros indicadores, como el paro, sugieren que la respuesta es afirmativa.
“Tengo pocas dudas de que hemos entrado en recesión”, dijo hace unos días el candidato demócrata. El republicano ha sido menos contundente. A principios de julio, Phil Gramm, uno de sus asesores más cercanos, cuyo nombre había sonado como secretario del Tesoro, afirmó que Estados Unidos es “una nación de lloricas” y que la recesión es “mental”, psicológica. A los pocos días, este ex senador y multimillonario tuvo que dimitir del cargo de copresidente del equipo de campaña de McCain.
Obama y McCain también difieren sobre las recetas para la crisis, que empezó el verano pasado cuando pinchó la burbuja inmobiliaria. Obama sigue, en muchos aspectos, el manual económico de Bill Clinton, que en los años noventa, con su tercera vía centrista, reformó el Partido Demócrata. Es sintomático que a la reunión de ayer acudiesen artífices del clintonismo como Rubin, que apoyó a Hillary Clinton en las primarias, o el ex secretario de Trabajo Robert Reich, amigo de los Clinton convertido al obamanismo.
El candidato demócrata, sin embargo, pone ahora el acento en el intervencionismo y en el proteccionismo. Con el país al borde de la recesión y los miedos a la globalización en aumento, estas opciones cuentan con un apoyo amplio. En los últimos meses, la propia Administración Bush ha defendido la necesidad de rescatar entidades financieras en dificultades para evitar el derrumbe del sistema.
McCain, de momento, se ajusta al manual del presidente George W. Bush. Pese a que él votó en contra en el Senado cuando se aprobaron, ahora defiende los recortes fiscales para los más ricos. El candidato intenta desmarcarse del presidente, criticando el déficit, que se ha disparado bajo su mandato, y prometiendo disciplina presupuestaria.
El problema de McCain es que los votantes le identifiquen con el legado de Bush, al que muchos atribuyen parte de los males de la economía estadounidense. Y en época de vacas flacas este país suele votar por el cambio.